Tántalo
Tántalo, hijo de Zeus y de
Pluto, rey de Lidia, tenía una gran amistad y confianza con los
dioses, en especial con su padre, quien lo invitaba a los banquetes
de néctar y ambrosía del Olimpo. Ansioso por impresionar, a su vez,
Tántalo invitó a los dioses del Olimpo a un banquete en su propio
palacio. Pero se percató de que el alimento que había en su despensa
era insuficiente para todos los asistentes. Preocupado porque sus
huéspedes pudieran sentirse ofendidos al no tener comida suficiente,
antepuso su prestigio a su amor, y degolló y descuartizó a su hijo
Pélope,
agregando los pedazos de su cuerpo al asado preparado para los
dioses. Pero los dioses se dieron cuenta de lo que tenían en sus
platos y retrocedieron horrorizados. Tántalo fue castigado por su
crimen y su ofensa con un tormento eterno, pasar hambre y sed
eternamente: sumergido en agua hasta el cuello, no podía beber
porque el líquido retrocedía cada vez que él trataba de introducir
en él la boca; y una rama cargada de frutos pendía sobre su cabeza,
pero si levantaba el brazo, la rama se levantaba bruscamente y se
ponía fuera de su alcance. En cuanto a su linaje fue maldecido por
la fechoría.
Pélope
Entretanto, los dioses dieron una segunda oportunidad al inocente
Pélope y lo resucitaron y suplieron el hombro que había sido
consumido en el desagradable banquete por uno de marfil. De su
matrimonio con Hipodamía, tuvo, al menos, tres hijos, Atreo, Tiestes
y Plístenes ( algunos autores nombran a Crisipo y Píteo ), y varias
hijas, Astidamía.
Los Pelópidas
Pero los hijos mayores, Atreo y Tiestes, estaban celosos
de su hermano menor, el favorito de su padre, y lo asesinaron.
Pélope descubrió el crimen y maldijo a sus hijos y a su linaje y los
desterró; éstos se refugiaron en Micenas. Ésta era la segunda
maldición lanzada sobre los descendientes de Tántalo.
Tras la muerte sin descendencia del rey de Micenas,
Euristeo, un oráculo aconsejó a los habitantes de la ciudad que
eligieran rey a un hijo de Pélope. A este efecto fueron llamados
Atreo y Tiestes, quienes empezaron a alegar sus respectivos títulos
al trono. Aquí quedó manifiesto el odio que se profesaban
mutuamente. En el debate que se planteó ante los habitantes de
Micenas, Tiestes propuso que fuese elegido rey el que pudiese
mostrar un vellón de oro. Tiempos atrás había sucedido que Atreo
encontró en su rebaño un cordero que tenía el vellón de oro. A pesar
de haber hecho voto de sacrificar a Ártemis el producto más bello de
su ganado ese año, se guardó el cordero para sí y encerró el vellón
en un cofre. Pero Aérope, su esposa, que era amante de Tiestes,
había dado en secreto a éste el toisón dorado. Ahora, Atreo,
desconocedor del engaño y confiado, aceptó la propuesta. No
obstante, Zeus intervino en privado a través de Hermes y previno a
Atreo para que conviniera con Tiestes que el verdadero soberano
sería designado por otro prodigio: a saber, si el sol invertía su
carrera, Atreo reinaría; en caso contrario Tiestes asumiría el
trono. Obviamente, Tiestes aceptó. Pero el sol se puso por el este,
con lo que Atreo reinó definitivamente en Micenas con el favor
divino.
La primera decisión de su reinado fue desterrar a su
hermano Tiestes. Más adelante, tras haber sido informado de la
intriga de su esposa Aérope con su hermano, simuló una
reconciliación fraternal y volvió a llamarlo. Una vez en Micenas, lo
invitó a una amistosa cena. El plato principal recordaba la cocina
de su abuelo Tántalo: Atreo había asesinado a los hijos de Tiestes,
los había cocinado y se los había servido a su padre en el banquete.
Cuando éste había comido, aquél le mostró las cabezas de sus hijos,
le reveló la naturaleza del manjar y luego lo arrojó de nuevo del
país. Tiestes, camino de su nuevo exilio en Sición, maldijo a Atreo
y a su linaje: ésta era la tercera maldición que caía sobre los
descendientes de Tántalo.
Entonces Tiestes recibió instrucciones del oráculo de
Apolo de vengar el asesinato de los niños. Así que abusó de su única
hija. Pelopia, y la violó en la oscuridad de la noche, quien,
ignorante de la identidad del atacante –sólo quedó como prenda una
espada que el desconocido había dejado olvidada-, quedó embarazada.
Al poco tiempo Pelopia casó con Atreo, su tío, quien, entre tanto,
había abandonado a su infiel esposa. Éste se alegró mucho de que su
nueva mujer le diera un hijo, Egisto, creyendo ingenuamente que era
hijo suyo y que, por tanto, no estaría contaminado de las
maldiciones familiares pasadas. Mas las maldiciones de los dioses no
desaparecen simplemente con desearlo. De esta forma, una terrible
sequía comenzó a devastar el reino, y un oráculo proclamó que sólo
acabaría si volvían a llamar a Tiestes.
Hallado Tiestes, fue conducido a Micenas y encarcelado,
mientras Atreo daba instrucciones a Egisto para que realizara su
primera tarea varonil: tomar la espada de su madre y matar al
prisionero Tiestes, su verdadero padre. Penetró el joven en la celda
espada en mano cuando el reo la reconoció como suya, la espada que
perdiera en aquella fatídica noche, y pidió llamar a su hija Pelopia.
Le contó la verdad de su maldad y ella empuñó la espada y se
suicidó. El joven Egisto, que acababa de descubir su verdadero
origen, determinó vengarse de Atreo, regresó ante él portando la
ensangrentada arma y lo mató. Los hijos que Atreo había tenido con
Aérope, Agamenón y Menelao, fueron salvados de ser degollados por su
niñera y fueron llevados al exilio, en donde crecieron. De esta
manera Tiestes se convirtió en rey de Micenas.

Máscara de Agamenón, de autor
desconocido,
fechada en torno a 1550 aC
Agamenón casó con Clitemestra, hija de Tindáreo y Leda.
Se precia de ser hermana de Helena y de los Dióscuros, Cástor y
Pólux, nacidos de la unión de Zeus, transformado en cisne, con su
Leda.
Tanto Agamenón como su hermano Menelao, los Atridas, participaron
con sus respectivos ejércitos en la guerra contra Troya para vengar
el rapto de Helena, esposa de Menelao, por Paris, el segundo hijo de
Príamo, rey de Troya.
Cuando, con ocasión de reunir el ejército micénico en
Áulide, el adivino Calcante proclama la necesidad, para tener
propicios a los dioses, del sacrificio de una de sus hijas, Ifigenia,
también llamada Ifianasa ( los demás hijos de Agamenón y Clitemestra
fueron Orestes, Crisótemis y Laódice, también nombrada Electra ).
Así las cosas, el rey llama a su esposa y a sus hijos, que se habían
quedado en Argos, so pretexto de prometer a Ifigenia con el héroe
Aquiles, mientras prepara secretamente el sacrificio. Inmolada la
joven, Agamenón envía a Clitemestra de vuelta a Argos, en donde
rumiará vengativas ideas.
La herida y abandonada esposa
pronto se echó un amante, el sobrino de su marido, hijo de Tiestes,
Egisto, que había aparecido en palacio disfrazado y que cortejó a la
reina durante la ausencia de su marido. Juntos planearon el
asesinato de Agamenón y, para que no interfiriera en los planes,
alejaron de palacio a Orestes.
Tras la caída de Troya, los
soldados se reparten el botín de guerra: ajuares de casas, palacios
y templos, armas de guerreros muertos, mujeres de todos los rangos.
Agamenón se queda con la profetisa Casandra, hija del rey Príamo,
con quien tuvo dos hijos gemelos: Teledamo y Pélope.

Ingres, Los
embajadores de Agamenón, 1801
( Museo del Louvre )
A su regreso de Troya en compañía
de su amante, Agamenón es acechado por un espía que ha apostado
Egisto, amante de Clitemestra. Agamenón es asesinado por ésta en el
baño en el momento en que, enredado con las mangas cosidas de la
camisa que le había dado su mujer, no podía defenderse. Igualmente,
corroída por los celos, asesina a Casandra.
Orestes
Por su parte,
Orestes, hijo de Agamenón, a quien su madre Clitemestra y su amante
habían alejado de Micenas, recibe la visita de Apolo, quien le
revela la verdad de la muerte de su padre y le exige venganza. Mas
el joven en un principio rehuye participar alegando que las disputas
de sus padres no eran de su incumbencia. Apolo, severo, declara que,
le guste o no, él es hijo de Agamenón y, por tanto, tiene el deber
de vengar su muerte, so pena de desagradables castigos sobre su
persona. Orestes se encuentra en un terrible dilema: si mata a su
madre, las Erinias
lo castigarán con la locura; si no lo hace, igualmente lo castigará
Apolo. Así que decide que su lealtad debe estar del lado de su
padre, rey y, sobre todo, hombre.
Se traslada
Orestes, acompañado de Pílades, a Argos, a la tumba de Agamenón, en
donde consagra a su padre un bucle de su cabello. Al poco tiempo.
acude Electra a visitar la tumba y reconoce el pelo de su hermano.
Una vez reencontrados los hermanos, preparan la estrategia de la
venganza.
Orestes se hace
pasar por un viajero que procede de Fócide y se dirige a Argos con
la misión de anunciar la muerte de Orestes y preguntar si las
cenizas del muerto han de ser portadas a Argos o dejarlas en la
Fócide. Clitemestra escucha estas palabras con un gran desahogo,
pues sus crímenes estarán ya libres de vengador, y envía a buscar a
Egisto, que se encuentra ausente. Al llegar a palacio, cae muerto
bajo los golpes de Orestes.
Clitemestra oye los golpes y los gritos y acude aceleradamente.
Encuentra a su amante moribundo ante su hijo con la espada desnuda y
ensangrentada. Ésta le suplica que lo perdone, le muestra su seno
desnudo, que lo amamantó, y Orestes está a punto de ceder, cuando
Pílades le recuerda la orden de Apolo y el carácter sagrado de la
venganza. Entonces, sin dudarlo le da muerte.
Pronto la locura
acometió a Orestes, como ocurría a la mayoría de los homicidas.
Además, como matador de su propia madre, es perseguido por las
Erinias, que lo acosan desde el primer día. Él busca refugio en
Delfos, el propio Apolo lo purifica, pero esto no lo libera de las
Erinias, que exigen un juicio en regla, juicio que se celebrará en
Atenas.
La mitad de los jueces se pronunciaron por la absolución, la otra
mitad, por la condena. Por tanto, fue absuelto, pues Atenea, que
presidía el tribunal, unió su voto a los primeros. En
agradecimiento, Orestes erigió un altar en la colina del Areópago.
Una vez
absuelto, Orestes preguntó al oráculo de Apolo, en Delfos, qué debía
hacer, y la Pitia le respondió que se curaría por completo de la
locura si iba a Táuride a buscar la estatua de Ártemis.
A su llegada, son apresados por los habitantes, que retienen a todos
los extranjeros para sacrificarlos a su diosa. Conducidos a
presencia del rey Toante, son trasladados luego ante la sacerdotisa
del templo de Ártemis, Ifigenia, quien los desata, los interroga y
pronto los reconoce. Orestes le explica el motivo de su viaje y la
orden recibida de Apolo. Ifigenia resuelve ayudarles a apoderarse de
la imagen de la diosa y a escapar con ellos. Al efecto convence al
rey de que ella no puede sacrificar al extranjero, obligado a
marchar de su país por haber dado muerte a su madre, sin antes haber
purificado en las aguas del mar a la víctima y la estatua de la
diosa. Se encaminan a la orilla del mar, junto a la ensenada en
donde se encuentra varado el barco de su hermano. Embarcan
Ifigenia, Orestes, Pílades y la estatua. Pero Posidón arroja de
nuevo el barco a la costa y Toante está a punto de apoderarse de él
cuando Atenea le ordena abandonar la persecución. Así que llegan al
Ática y erigen el primer templo griego en honor de Ártemis.
Las maldiciones que pendían sobre
la familia tantálida han quedado mitigadas, la cadena de muertes y
venganzas, cortada. En adelante, Orestes vivió apaciblemente con su
esposa Hermíone, con quien tuvo un hijo, Tisámeno. Reinó en Argos.
Poco antes de su muerte, a edad muy avanzada, una epidemia asoló el
país. Consultado el oráculo de Delfos, la Pitia le declaró que la
plaga cesaría cuando fuesen reconstruidas las ciudades destruidas
durante la guerra de Troya y se tributara a los dioses de estas
ciudades los honores de los que habían sido privados. Por eso,
Orestes envió colonias al Asia Menor con la misión de reconstruir
dichas ciudades. Murió Orestes a la edad de noventa años, después de
setenta de reinado. Enseñábase su tumba en Tegea, en donde se le
tributaban honores divinos.