MITOLOGÍA

 

Atenea

Pallas Atenea,
réplica de la estatua del Partenón de Atenas
( Nashville, Tennessee )

 

Atreo, la casa de

 

Tántalo

           Tántalo, hijo de Zeus y de Pluto, rey de Lidia, tenía una gran amistad y confianza con los dioses, en especial con su padre, quien lo invitaba a los banquetes de néctar y ambrosía del Olimpo. Ansioso por impresionar, a su vez, Tántalo invitó a los dioses del Olimpo a un banquete en su propio palacio. Pero se percató de que el alimento que había en su despensa era insuficiente para todos los asistentes. Preocupado porque sus huéspedes pudieran sentirse ofendidos al no tener comida suficiente, antepuso su prestigio a su amor, y degolló y descuartizó a su hijo Pélope[1], agregando los pedazos de su cuerpo al asado preparado para los dioses. Pero los dioses se dieron cuenta de lo que tenían en sus platos y retrocedieron horrorizados. Tántalo fue castigado por su crimen y su ofensa con un tormento eterno, pasar hambre y sed eternamente: sumergido en agua hasta el cuello, no podía beber porque el líquido retrocedía cada vez que él trataba de introducir en él la boca; y una rama cargada de frutos pendía sobre su cabeza, pero si levantaba el brazo, la rama se levantaba bruscamente y se ponía fuera de su alcance. En cuanto a su linaje fue maldecido por la fechoría.

 

Pélope 

Entretanto, los dioses dieron una segunda oportunidad al inocente Pélope y lo resucitaron y suplieron el hombro que había sido consumido en el desagradable banquete por uno de marfil. De su matrimonio con Hipodamía, tuvo, al menos, tres hijos, Atreo, Tiestes y Plístenes ( algunos autores nombran a Crisipo y Píteo ), y varias hijas, Astidamía.

 

Los Pelópidas 

            Pero los hijos mayores, Atreo y Tiestes, estaban celosos de su hermano menor, el favorito de su padre, y lo asesinaron. Pélope descubrió el crimen y maldijo a sus hijos y a su linaje y los desterró; éstos se refugiaron en Micenas. Ésta era la segunda maldición lanzada sobre los descendientes de Tántalo.

 

            Tras la muerte sin descendencia del rey de Micenas, Euristeo, un oráculo aconsejó a los habitantes de la ciudad que eligieran rey a un hijo de Pélope. A este efecto fueron llamados Atreo y Tiestes, quienes empezaron a alegar sus respectivos títulos al trono. Aquí quedó manifiesto el odio que se profesaban mutuamente. En el debate que se planteó ante los habitantes de Micenas, Tiestes propuso que fuese elegido rey el que pudiese mostrar un vellón de oro. Tiempos atrás había sucedido que Atreo encontró en su rebaño un cordero que tenía el vellón de oro. A pesar de haber hecho voto de sacrificar a Ártemis el producto más bello de su ganado ese año, se guardó el cordero para sí y encerró el vellón en un cofre. Pero Aérope, su esposa, que era amante de Tiestes, había dado en secreto a éste el toisón dorado. Ahora, Atreo, desconocedor del engaño y confiado, aceptó la propuesta. No obstante, Zeus intervino en privado a través de Hermes y previno a Atreo para que conviniera con Tiestes que el verdadero soberano sería designado por otro prodigio: a saber, si el sol invertía su carrera, Atreo reinaría; en caso contrario Tiestes asumiría el trono. Obviamente, Tiestes aceptó. Pero el sol se puso por el este, con lo que Atreo reinó definitivamente en Micenas con el favor divino.

 

            La primera decisión de su reinado fue desterrar a su hermano Tiestes. Más adelante, tras haber sido informado de la intriga de su esposa Aérope con su hermano, simuló una reconciliación fraternal y volvió a llamarlo. Una vez en Micenas, lo invitó a una amistosa cena. El plato principal recordaba la cocina de su abuelo Tántalo: Atreo había asesinado a los hijos de Tiestes, los había cocinado y se los había servido a su padre en el banquete. Cuando éste había comido, aquél le mostró las cabezas de sus hijos, le reveló la naturaleza del manjar y luego lo arrojó de nuevo del país. Tiestes, camino de su nuevo exilio en Sición, maldijo a Atreo y a su linaje: ésta era la tercera maldición que caía sobre los descendientes de Tántalo.

 

            Entonces Tiestes recibió instrucciones del oráculo de Apolo de vengar el asesinato de los niños. Así que abusó de su única hija. Pelopia, y la violó en la oscuridad de la noche, quien, ignorante de la identidad del atacante –sólo quedó como prenda una espada que el desconocido había dejado olvidada-, quedó embarazada. Al poco tiempo Pelopia casó con Atreo, su tío, quien, entre tanto, había abandonado a su infiel esposa. Éste se alegró mucho de que su nueva mujer le diera un hijo, Egisto, creyendo ingenuamente que era hijo suyo y que, por tanto, no estaría contaminado de las maldiciones familiares pasadas. Mas las maldiciones de los dioses no desaparecen simplemente con desearlo. De esta forma, una terrible sequía comenzó a devastar el reino, y un oráculo proclamó que sólo acabaría si volvían a llamar a Tiestes.

 

            Hallado Tiestes, fue conducido a Micenas y encarcelado, mientras Atreo daba instrucciones a Egisto para que realizara su primera tarea varonil: tomar la espada de su madre y matar al prisionero Tiestes, su verdadero padre. Penetró el joven en la celda espada en mano cuando el reo la reconoció como suya, la espada que perdiera en aquella fatídica noche, y pidió llamar a su hija Pelopia. Le contó la verdad de su maldad y ella empuñó la espada y se suicidó. El joven Egisto, que acababa de descubir su verdadero origen, determinó vengarse de Atreo, regresó ante él portando la ensangrentada arma y lo mató. Los hijos que Atreo había tenido con Aérope, Agamenón y Menelao, fueron salvados de ser degollados por su niñera y fueron llevados al exilio, en donde crecieron. De esta manera Tiestes se convirtió en rey de Micenas.

 

Agamenón


Máscara de Agamenón, de autor desconocido,
fechada en torno a 1550 aC

            Agamenón casó con Clitemestra, hija de Tindáreo y Leda. Se precia de ser hermana de Helena y de los Dióscuros, Cástor y Pólux, nacidos de la unión de Zeus, transformado en cisne, con su Leda[2]. Tanto Agamenón como su hermano Menelao, los Atridas, participaron con sus respectivos ejércitos en la guerra contra Troya para vengar el rapto de Helena, esposa de Menelao, por Paris, el segundo hijo de Príamo, rey de Troya.

 

            Cuando, con ocasión de reunir el ejército micénico en Áulide, el adivino Calcante proclama la necesidad, para tener propicios a los dioses, del sacrificio de una de sus hijas, Ifigenia[3], también llamada Ifianasa ( los demás hijos de Agamenón y Clitemestra fueron Orestes, Crisótemis y Laódice, también nombrada Electra ). Así las cosas, el rey llama a su esposa y a sus hijos, que se habían quedado en Argos, so pretexto de prometer a Ifigenia con el héroe Aquiles, mientras prepara secretamente el sacrificio. Inmolada la joven, Agamenón envía a Clitemestra de vuelta a Argos, en donde rumiará vengativas ideas.

 

            La herida y abandonada esposa pronto se echó un amante, el sobrino de su marido, hijo de Tiestes, Egisto, que había aparecido en palacio disfrazado y que cortejó a la reina durante la ausencia de su marido. Juntos planearon el asesinato de Agamenón y, para que no interfiriera en los planes, alejaron de palacio a Orestes.

 

            Tras la caída de Troya, los soldados se reparten el botín de guerra: ajuares de casas, palacios y templos, armas de guerreros muertos, mujeres de todos los rangos. Agamenón se queda con la profetisa Casandra, hija del rey Príamo, con quien tuvo dos hijos gemelos: Teledamo y Pélope.

 

Ingres, Los embajadores de Agamenón, 1801
( Museo del Louvre )

            A su regreso de Troya en compañía de su amante, Agamenón es acechado por un espía que ha apostado Egisto, amante de Clitemestra. Agamenón es asesinado por ésta en el baño en el momento en que, enredado con las mangas cosidas de la camisa que le había dado su mujer, no podía defenderse. Igualmente, corroída por los celos, asesina a Casandra.

 

Orestes 

            Por su parte, Orestes, hijo de Agamenón, a quien su madre Clitemestra y su amante habían alejado de Micenas, recibe la visita de Apolo, quien le revela la verdad de la muerte de su padre y le exige venganza. Mas el joven en un principio rehuye participar alegando que las disputas de sus padres no eran de su incumbencia. Apolo, severo, declara que, le guste o no, él es hijo de Agamenón y, por tanto, tiene el deber de vengar su muerte, so pena de desagradables castigos sobre su persona. Orestes se encuentra en un terrible dilema: si mata a su madre, las Erinias[4] lo castigarán con la locura; si no lo hace, igualmente lo castigará Apolo. Así que decide que su lealtad debe estar del lado de su padre, rey y, sobre todo, hombre[5].

 

            Se traslada Orestes, acompañado de Pílades, a Argos, a la tumba de Agamenón, en donde consagra a su padre un bucle de su cabello. Al poco tiempo. acude Electra a visitar la tumba y reconoce el pelo de su hermano[6]. Una vez reencontrados los hermanos, preparan la estrategia de la venganza.

 

            Orestes se hace pasar por un viajero que procede de Fócide y se dirige a Argos con la misión de anunciar la muerte de Orestes y preguntar si las cenizas del muerto han de ser portadas a Argos o dejarlas en la Fócide. Clitemestra escucha estas palabras con un gran desahogo, pues sus crímenes estarán ya libres de vengador, y envía  a buscar a Egisto, que se encuentra ausente. Al llegar a palacio, cae muerto bajo los golpes de Orestes[7]. Clitemestra oye los golpes y los gritos y acude aceleradamente. Encuentra a su amante moribundo ante su hijo con la espada desnuda y ensangrentada. Ésta le suplica que lo perdone, le muestra su seno desnudo, que lo amamantó, y Orestes está a punto de ceder, cuando Pílades le recuerda la orden de Apolo y el carácter sagrado de la venganza. Entonces, sin dudarlo le da muerte.

 

            Pronto la locura acometió a Orestes, como ocurría a la mayoría de los homicidas. Además, como matador de su propia madre, es perseguido por las Erinias, que lo acosan desde el primer día. Él busca refugio en Delfos, el propio Apolo lo purifica, pero esto no lo libera de las Erinias, que exigen un juicio en regla, juicio que se celebrará en Atenas[8]. La mitad de los jueces se pronunciaron por la absolución, la otra mitad, por la condena. Por tanto, fue absuelto, pues Atenea, que presidía el tribunal, unió su voto a los primeros. En agradecimiento, Orestes erigió un altar en la colina del Areópago.

 

            Una vez absuelto, Orestes preguntó al oráculo de Apolo, en Delfos, qué debía hacer, y la Pitia le respondió que se curaría por completo de la locura si iba a Táuride a buscar la estatua de Ártemis[9]. A su llegada, son apresados por los habitantes, que retienen a todos los extranjeros para sacrificarlos a su diosa. Conducidos a presencia del rey Toante, son trasladados luego ante la sacerdotisa del templo de Ártemis, Ifigenia, quien los desata, los interroga y pronto los reconoce. Orestes le explica el motivo de su viaje y la orden recibida de Apolo. Ifigenia resuelve ayudarles a apoderarse de la imagen de la diosa y a escapar con ellos. Al efecto convence al rey de que ella no puede sacrificar al extranjero, obligado a marchar de su país por haber dado muerte a su madre, sin antes haber purificado en las aguas del mar a la víctima y la estatua de la diosa. Se encaminan a la orilla del mar, junto a la ensenada en donde se encuentra varado el barco  de su hermano. Embarcan Ifigenia, Orestes, Pílades y la estatua. Pero Posidón arroja de nuevo el barco a la costa y Toante está a punto de apoderarse de él cuando Atenea le ordena abandonar la persecución. Así que llegan al Ática y erigen el primer templo griego en honor de Ártemis.

 

            Las maldiciones que pendían sobre la familia tantálida han quedado mitigadas, la cadena de muertes y venganzas, cortada. En adelante, Orestes vivió apaciblemente con su esposa Hermíone, con quien tuvo un hijo, Tisámeno. Reinó en Argos. Poco antes de su muerte, a edad muy avanzada, una epidemia asoló el país. Consultado el oráculo de Delfos, la Pitia le declaró que la plaga cesaría cuando fuesen reconstruidas las ciudades destruidas durante la guerra de Troya y se tributara a los dioses de estas ciudades los honores de los que habían sido privados. Por eso, Orestes envió colonias al Asia Menor con la misión de reconstruir dichas ciudades. Murió Orestes a la edad de noventa años, después de setenta de reinado. Enseñábase su tumba en Tegea, en donde se le tributaban honores divinos.


[1] No debe confundirse con Pélope, hijo de Agamenón y Casandra.

[2] Desde la versión de Eurípides, los autores coinciden en admitir que Leda, fruto de los amores con Zeus, había puesto dos huevos, de los que habían salido dos parejas, Pólux y Clitemestra y Helena y Cástor. Al nacer, Leda los hizo pasar por hijos suyos.

[3] Los autores no se ponen de acuerdo sobre el motivo por el que los dioses exigen semejante sacrificio: según unos, Ártemis está colérica porque Agamenón sacrificó una cierva y se jactó de que ni Ártemis lo habría hecho mejor; otros consideran que todavía pendía de la familia el error de Atreo de no haber sacrificado a la diosa el cordero de oro; y, en fin, los demás justifican la petición de la diosa porque Agamenón había prometido a ésta ofrendarle el producto más bello del año: y ese año nació Ifigenia.

[4] Las Erinias, identificadas luego con las Furias romanas, son las diosas del inframundo que defienden los derechos de las madres.

[5] Según Sófocles, antes de hablarle Apolo, Orestes había recibido la petición del vengativo asesinato de su hermana Electra, con quien no había perdido contacto durante todos los años que estuvo ausente de Micenas.

[6] Recurso de la anagnórisis, o reconocimiento de la identidad de una persona por medio de un rasgo que provoca la rememoranza: según la versión de Esquilo, se utiliza el rizo de pelo; en Sófocles, sirve una sortija; y en Eurípides es un anciano el que transmite la nueva; v.gr. la cicatriz que Ulises conserva en la pierna permite a la nodriza reconocerlo.

[7] En Eurípides, Egisto cae muerto en su jardín mientras ofrece un sacrificio a las ninfas.

[8] El juicio se celebró en el lugar en que luego tendría su sede el Areópago, del que ésta fue simbólicamente la primera vista.

[9] Y aquí se desarrolla el nuevo episodio de la leyenda de Orestes: sus aventuras con Pílades y el retorno de Ifigenia, tratado por Eurípides en Ifigenia en Táuride.

 
  Autor: Gregorio José Torres Quesada
Fecha de elaboración: 30 de enero de 2007, fecha de la celebración del Día Escolar de la No Violencia y la Paz