Presidiendo la Plaza de las Batallas, se halla la diosa alada Victoria, la griega Nike, perteneciente a la primera generación de los dioses y que siempre acompaña a Zeus y a Atenea en sus batallas. Aquí, la estatua conmemora las victorias en las batallas de las Navas de Tolosa, de 1212, y de Bailén, de 1808.



En la portada lateral de la iglesia de San Ildefonso se levantan dos Términos con sus respectivas cabezas, adornadas por sendos cestos de frutas, mirando con recelo hacia la entrada del templo. Término es una divinidad romana, protectora de las lindes de los campos y de las fronteras de Roma. Defienden las propiedades de las plagas y de los incendios. De la misma manera, estas dos figuras protegen el sagrado templo contra los males de la calle. Estas dos figuras se vuelven a contemplar en la Fuente de los Caños.






En la Plaza de la Merced se encuentra el palacio del Capitán Quesada Ulloa, en cuya fachada pudimos ver varios elementos. Sobre el escudo que preside la puerta principal se encuentra Hércules con la cabeza cubierta por la piel y cabeza del león de Nemea, trofeo obtenido tras su primer trabajo. También se pueden contemplar varios animales mitológicos: el hipocampo, caballo marino que tiraba del carro de Posidón, y el dragón alado, ser de aspecto terrible que protege las propiedades privadas. Y en la fachada lateral, junto a un balcón, se encuentra la escena de Lucrecia, dama cortesana de la antigua Roma, clavándose un puñal en el pecho tras confesar a su marido y a su padre el ultraje que le ocasionó el perverso hijo del rey Tarquinio el Soberbio. Este terrible hecho levantó las iras del pueblo de Roma, que se rebeló contra la realeza y provocó la caida de la monarquía y el inicio de la república.




En el número 11 de la calle Bernabé Soriano encontramos una fachada modernista cuyo balcón está sujetado por unos tímidos telamones, conocidos también como atlantes. Este nombre procede de Atlas, titán de la segunda generación de dioses que lucharon entre sí. Por resultar perdedor y por haber enseñado a los hombres la interpretación de los astros del cielo, sufre el eterno castigo de soportar sobre sus hombros el peso de todo el universo. En la arquitectura, desde hace muchos siglos se utiliza esta figura mitológica para sostener balconadas de importantes edificios.
En la plaza de los Caños se encuentra la monumental fuente del mismo nombre. Está delimitada por dos Términos, semejantes a los que ya vimos en la fachada de la iglesia de San Ildefonso. El agua mana de las tres vasijas que vierten tres figuras acuáticas relacionadas con las ninfas de las fuentes y los ríos, hijas de Zeus.



No es fácil de ver. Pero en el escudo imperial que se encuentra en el nº 5 de la calle Martínez Molina, se puede observar, colgando del medallón que rodea el escudo, el vellocino de oro, la famosa piel del carnero que pendía de un árbol de la Cólquide y que fueron a buscar Jasón y los mejores héroes de la antigüedad griega, Hércules, Teseo, Cástor y Pólux, Peleo y Orfeo, entre otros a bordo de la nave Argos.
En nuestro recorrido no podía faltar la leyenda del lagarto de la Madalena que todos nuestros alumnos conocen tan bien y que recordaron alrededor de la escultura que se encuentra en la calle Santo Domingo.





Y finalizó nuestra visita mitológica delante de la fachada del hospital de San Juan de Dios, en cuya fachada se encuentra una espantosa gárgola. Las gárgolas son representaciones medievales de hombres, animales, monstruos o demonios, imágenes de un submundo demoníaco y draconiano, vencidos por una espiritualidad posterior. Vigilan tejados, cornisas y fachadas de templos y asustan a los pecadores. Con frecuencia sirven para evacuar hacia la calle las aguas de tejados y canalones. Las gárgolas más célebres se encuentran en las cornisas de la catedral de Nôtre Dame de París. Algunas de ellas las vemos sobre estas palabras.